Culto a la muerte.

Por: Ana
Sofía Moreno Oregel
Desde que el hombre dejó de ser homínido para
convertirse en homo (homo erectus, homo
sapiens) y neandertales, el ser humano se ha caracterizado por hacer de
la muerte un acontecimiento de primordial importancia.
Cada grupo, cada cultura, cada sociedad se describe
por desarrollar diferentes Dioses, ceremonias, costumbres y ritos respecto a
ella. Desde hace más de 2 000 años el pueblo Chinchorro en el desierto de
Atacama, Perú, momificaba a sus muertos y a diferencia de los egipcios, sus
contemporáneos en el valle del Nilo, momificaban a todas las clases sociales;
en cambio estos últimos solo a la realeza y creaban los magníficos monumentos
en forma de pirámide como cámaras funerarias que en la actualidad son admiradas
por nosotros los seres humanos. Así, en cada época, cultura, sociedad, país,
región y en cada sociedad se presenta una gran variación multicultural de este
evento: La muerte.
Es impresionante como nosotros los seres humanos,
tenemos la necesidad de creer en lago después de la vida, en encontrar una
explicación a nuestra existencia y la importancia de vivir a partir de poder
pasar al otro mundo.
En todos coinciden las creencias en el más allá, en el
mundo y una vida que es continuación de ésta, llena de misterios, respeto y
temor. Actualmente, estas costumbres están normadas por la cultura, el tipo de
sociedad y la religión.
Podemos afirmar que las diferentes costumbres sobre la
muerte y el rito funerario muestran la esencia del pensamiento y la cultura de
los pueblos del mundo, hermanados en la creencia de un ser o seres superiores
que habitan en un sitio muy especial: el lugar de los muertos. La
muerte es vista como una continuación de la vida en otro mundo y la utilizamos
como un medio de comunicación con los muertos.