jueves, 11 de julio de 2013

Culto a la muerte



Culto a la muerte.
Por: Ana Sofía Moreno Oregel

Desde que el hombre dejó de ser homínido para convertirse en homo (homo erectus, homo  sapiens) y neandertales, el ser humano se ha caracterizado por hacer de la muerte un acontecimiento de primordial importancia.
Cada grupo, cada cultura, cada sociedad se describe por desarrollar diferentes Dioses, ceremonias, costumbres y ritos respecto a ella. Desde hace más de 2 000 años el pueblo Chinchorro en el desierto de Atacama, Perú, momificaba a sus muertos y a diferencia de los egipcios, sus contemporáneos en el valle del Nilo, momificaban a todas las clases sociales; en cambio estos últimos solo a la realeza y creaban los magníficos monumentos en forma de pirámide como cámaras funerarias que en la actualidad son admiradas por nosotros los seres humanos. Así, en cada época, cultura, sociedad, país, región y en cada sociedad se presenta una gran variación multicultural de este evento: La muerte.
Es impresionante como nosotros los seres humanos, tenemos la necesidad de creer en lago después de la vida, en encontrar una explicación a nuestra existencia y la importancia de vivir a partir de poder pasar al otro mundo.
En todos coinciden las creencias en el más allá, en el mundo y una vida que es continuación de ésta, llena de misterios, respeto y temor. Actualmente, estas costumbres están normadas por la cultura, el tipo de sociedad y la religión.
Podemos afirmar que las diferentes costumbres sobre la muerte y el rito funerario muestran la esencia del pensamiento y la cultura de los pueblos del mundo, hermanados en la creencia de un ser o seres superiores que habitan en un sitio muy especial: el lugar de los muertos. La muerte es vista como una continuación de la vida en otro mundo y la utilizamos como un medio de comunicación con los muertos.