Ana Sofía Moreno
Oregel
Junio 2013
Autobiografía temática
Desde pequeña, padezco enfermedades como
asma, alergia y cosas mínimas que requerían atención médica y en algunas
ocasiones operación; como consecuencia pasaba unos cuantos días hospitalizada.
La primera operación que tuve fue a mis seis meses de nacida que consistió en
extraerme las adenoides, la segunda y de la cual tengo pocos recuerdos fue de
las anginas (debido a que tenia dificultad para respirar). Después, a los once
años, fui hospitalizada; a partir de ahí ya fueron pocas las veces. Como
consecuencia a todo esto, creció en mí una adicción al caldo de pollo y a los
chocolates.
¿Qué tienen que ver mis múltiples visitas
al hospital con mi adicción hacia estos alimentos? Ya sé que suena un poco
raro, pero todo comenzó, desde mi segunda operación a los tres años. Yo y mi
familia hemos vivido siempre en una pequeña ciudad llamada Zamora, que hace 18
años no contaba con un buen equipamiento en los hospitales, así que nos
teníamos que trasladar a la ciudad de Guadalajara cuando me iban a internar por
cualquier motivo. Siempre acudíamos al mismo hospital, recuerdo que la segunda
vez que fui operada yo me negaba y les hacia rabietas a mis papás. Para
convencerme, mi papá me explicó que solo me iba a doler un poco, pero que si
cuando despertara me dolía mucho prometía traerme muchos regalos. Cuando la
operación terminó, lo único que quería era comer así que lo primero que pedí al
despertar fue comida, al traer el menú no quería comer el caldo de pollo que
había, pero mi mama me explicó que con lo caliente el dolor me iba a disminuir,
así que accedí a comerlo. Desde que lo probé, quería más, el sabor era tan
exquisito que era lo único que quería comer en todo el trascurso de mi
recuperación.
Cinco años después, fui internada de nuevo
por dificultad para respirar, me trasladaron a Guadalajara y lo primero que
pregunté fue si me iban a llevar al mismo hospital donde me daban caldo de
pollo, y así fue. Siempre me servían caldo de pollo y hasta llegaba a decir que
sentía dolor para que me dieran mas. Las visitas que recibía de parte de mis
familiares permitían que obtuviera una colección de distintos chocolates. El
problema fue que me gustaron tanto que no le compartía a nadie, llegó el punto
en el que comía tantos chocolates que mi mamá tenía que decirle a las visitas
que ya no me llevaran ese tipo de regalos.
Cuando cumplí once años, fui operada
nuevamente de los pies. Esta operación si fue realizada en Zamora, yo no quería
eso, debido a que no iban a servirme caldo de pollo y tenia prohibido consumir
chocolates. Mi papá me comentó que tal vez eso influyó en que mi recuperación
fue más lenta, porque en ese hospital no servían ese tipo de platillos y el
único regalo que recibía de mis visitas eran globos y osos de peluche. Cuando
fui dada de alta, mi mamá solo cocinaba caldo de pollo, ya que no quería
consumir otro alimento que no fuera eso y de postre chocolates.
Como consecuencia a todo esto, se generó en
mi una cierta adicción. Desde entonces, cuando me enfermo de cualquier cosa
(desde un resfriado hasta un dolor de cabeza) el platillo que consumo es el
caldo de pollo. Suena un poco raro, pero cuando festejo mi cumpleaños, mi mamá
prepara ese platillo para toda la familia que ya ha llegado a volverse una
tradición. En la actualidad consumo caldo de pollo, por lo menos una vez a la
semana y los chocolates son esenciales en mi día a día; por lo menos después de
comer es mi postre.
me pareció interesante tu autobiografía,te sugiero que cuides el tiempo en el que estas hablando (me refiero en el último párrafo) fuera de eso me encanto, me antojaste un caldito de pollo y mas con este frío
ResponderBorrarA mí normalmente me enfada comer siempre lo mismo y me llego a hartar y no querer volver a comer un alimento si lo consumo con frecuencia. Supongo que la tranquilidad que sentías al comer el caldito calientito después del susto de una operación, te confortó a tal grado que ahora lo quieres comer todo el tiempo. Este clima nubladito es perfecto para caldos y chocolates mmm :·)
ResponderBorrarTu historia me suena muy familiar, ya que en mi familia vivimos la misma situación mi hermana mayor.
ResponderBorrarEn lo personal también relaciono el caldo de pollo con estar enferma y me encanta comerlo! Me siento mejor con solo probarlo jaja.